En Sintonía con la Eternidad

De nuevo ocurrió, y de manera similar a otras. El viaje en colectivo desde San Juan a Mendoza fue escenario de esa sensación ya conocida. Otra vez, al abrir mis ojos, el sueño se desvanece en medio de imágenes que destellan en mi mente. Fugazmente viajo al pasado, veo nuevamente esos ojos tristes, ese rostro de niño en espera de atención, ese rostro de hombre viejo arrepentido, en espera de misericordia. Siento esos mismos aromas, ese mismo zigzagueo en mi vientre, un estremecimiento que me acobarda. Miro a mi alrededor, vuelvo al presente; me pregunto si es verdad, o si es sólo un sueño. Tristemente constato que es cierto, que efectivamente es parte de mi historia. Y añoro el pasado, quiero volver el tiempo atrás, cambiar aquello que estuvo a mi mano, que pude haber transformado. Tengo el poder, inconscientemente, de volver atrás en el tiempo, de trasladarme con mis sentidos a aquellos instantes. Pero al parecer, no puedo intervenir en los acontecimientos. Así se dieron, y estoy obligado a aceptarlos, ya están dados. Me resulta inútil continuar con el libro de Stephen Hawking, para qué indagar más sobre el tiempo, si al fin sé que me es imposible cambiar el pasado. Aunque sí retorno constantemente a él. Sí, y vuelvo a él sin que yo lo quiera.Bajo del colectivo y camino a casa cargado con mis mochilas, las de la ropa sucia y las de mis temores. Desde hace algunos meses, algo ha cambiado. Me siento relativamente más débil; en mi corazón se activan alarmas de riesgo. El futuro se presenta un tanto gris, todo a mi vista es pasajero, transitorio… ¿Para qué, si todo está llamado a desaparecer? En otros tiempos podía responder en forma contundente y decidida a este interrogante. Yo era el que retemplaba a otros en sus momentos de debilidad. Hoy, poco puedo hacerlo conmigo mismo. Llego a casa, y de nuevo la soledad propicia la venida de esas sensaciones. Necesito hablar con alguien. Como siempre, papá me va a escuchar, por eso decido salir yo mismo a su encuentro, pues parece que no va a venir este día.
- ¡Eh, mi Negro! ¿Ya llegó? ¿Cómo le fue por San Juan?
- Bien, papito, muy bien gracias a Dios. ¿Vos, todo bien?- Mejor imposible, Papucho... Pero usted no está muy bien… ¿qué le anda pasando, hijo?- Y, me está costando enfrentar todo esto, papá. Yo sabía que iba a llevar un tiempo; que no era fácil asimilar todo rápidamente. Y no es solamente ese vacío profundo, sino una mezcla de sensaciones. A lo mejor, muchas de ellas son infundadas, pero no por eso dejan de ser desgarradoras.
- ¿Pero qué es concretamente, hijo?
- ¿Viste que yo siempre te decía que uno sólo tiene poder sobre el presente, y que el futuro depende en gran parte de lo que hacemos hoy? Bueno, ahora me pregunto por qué no hice aquello que debería haber hecho; quizás fue por cobardía, quizás por descuido o negligencia. Sé que no logro nada en reprocharme esto, pero no puedo evitar este sentimiento.
- Hijo, no se exija tanto, téngase paciencia, ya el tiempo lo va a calmar. Despacito y buena letra, no se olvide. Pero, la verdad es que no entiendo mucho por qué se siente tan mal...
- Viejo, todavía veo el vaso medio lleno… Y paradójicamente eso me amarga. Y me pregunto por qué no evité que lo llenaras tantas veces. Por qué no te llevé a andar a caballo y compartir la vida más amenamente, sacando de tus manos ese boleto al mundo sin tiempo. Creo que tuve la posibilidad de cambiar el destino, y no lo hice. El tiempo me demostró de lo que era capaz mi cobardía, o mi dejadez, o mi comodidad, o mi ceguera… ¿Qué sé yo? Y ahora ¿de qué me sirve esa lección, por qué el tiempo me enseñó eso cuando ya era tarde? O a lo mejor, fui yo el duro de aprender.
- Hijito, no se machaque tanto. Yo me siento bien, lo difícil ya pasó. Ahora usted se me tiene que poner de pie, no se me amilane, y métale para adelante nomás.
- Está bien viejito, voy a ver qué puedo hacer. Por lo pronto te confieso que el haber charlado me ha hecho sentir un cachito mejor. Bueno, me voy yendo… ¿Nos encontramos prontito?
- ¡Meta, cuando quiera!
- Sí dale, pero creo que podría ser en otro lugar… Aquí no me inspiro mucho. Nos vemos entonces, viejito…
Y así levanté mi mirada y lo observé luego de despedirme. Su rostro, su gorrita, sus ojitos achinados y esa sonrisa estampada de oreja a oreja, me despedían y me alentaban a seguir intentando. Quizás a darme otra oportunidad. Otra vez me enseñó, me alentó. Y así me pongo de pie, me reincorporo con cierta dificultad, con algo de dolor en las rodillas hundidas por el peso de mi cuerpo; fueron varios minutos de haber estado hincado en el suelo frío. Lentamente me alejo, agradeciendo a Dios esa facultad que nos dio a los hombres de carne y hueso, situados en un punto del tiempo y del espacio, de tomar sintonía con la eternidad. Voy acelerando la marcha, y dejo a mis espaldas el oscuro panteón.

J. D. Atencio. Agosto 2006

Comments

Popular posts from this blog

A review of "The Boomerang Clue" (Why didn’t they ask Evans?)

Draft answers - OxfordX: OXBSG01x From Poverty to Prosperity: Understanding Economic Development